En este mundo en el que vivimos, en el cual se alienta de forma enfermiza el producir, consumir, poseer, ser de utilidad, y en general, todo lo que conduzca al éxito y lo apolíneo, resulta imperioso la búsqueda de antídotos. Medicinas que nos pongan en armonía con un entorno, que, en la mayoría de los casos, nunca acabará de saciarnos; qué no llegará a concretarse en la imagen perfecta que nos han vendido. De la filosofía japonesa surge el concepto wabi-sabi, más que una simple corriente estética, una opción de vida.

Wabi, originariamente, hace referencia a la soledad de vivir en la naturaleza, lejos de la sociedad; sabi, se traducía como frío, flaco o marchitado. Juntos, adquieren un significado de carácter positivo que tiene que ver con la belleza de lo imperfecto, defectuoso o inacabado. Conviene matizar que el término, como gran parte de los conceptos japoneses, está lleno de ambigüedad. Es tan amplio que a menudo es difícil de entender, no existiendo ni siquiera una definición exacta en su país de origen. Pero precisamente, esa ambigüedad semántica es parte de su significado, ya que tiene mucho que ver con lo imperfecto, lo impermanente y lo incompleto. Con la belleza estética de las cosas modestas y humildes, una no convencional. En su origen budista zen radica también su inconcreción semántica, pues esta doctrina considera el lenguaje una trampa para la verdadera comprensión de las cosas. Por ello, desaconsejamos ir a buscar su significado al diccionario de la RAE. Para entenderlo debemos observar todas las caras y recovecos de este complejo prisma.

El auge que ha vivido esta corriente en Occidente en los últimos años, tiene dos vertientes: una puramente estética, que inspira y llena de aires renovados la mente de artistas, diseñadores, arquitectos y estetas en general; y otra, que partiendo de esta faceta estética, hace una lectura más profunda y menos banal del wabi-sabiconvirtiéndolo en una herramienta de búsqueda de una existencia más feliz. Una brújula capaz de guiarnos a una concepción diferente de un mundo que, demasiado a menudo, nos decepciona. Qué hagamos lo que hagamos, nunca termina por saciarnos porque nunca será perfecto. Su asentamiento en nuestra cultura no ha resultado tarea sencilla ya que vivimos en un universo regido por siglos de filosofía grecorromana, la cual considera imprescindibles virtudes como la permanencia, la grandiosidad, la simetría o la perfección. En cambio, el término wabi-sabi sugiere cualidades como la transitoriedad, humildad, asimetría e imperfección, principios diametralmente opuestos a sus contrapartes occidentales. Al igual que la visión acerca de las preocupaciones materiales de la vida, posiblemente el mayor lastre en la búsqueda de la felicidad en esta parte del planeta.

Quizás todo esto suene un tanto utópico, pero trascender la vertiente estética del wabi-sabi está al alcance de nuestra mano. Algunas de sus características como la asimetría, sencillez, ingenuidad, modestia o intimidad, pueden ser aplicadas sin problemas en nuestra existencia diaria. Si no, todavía podemos valernos de ellas para decorar nuestro salón, hacer un perfil de tumblr o llenar de nuevas prendas el armario. Nadie dijo que cambiar de vida iba a ser fácil.